La inactividad temporal y reactivación paulatina que experimentaron muchas empresas este año a causa del Covid-19, impactó de manera negativa la economía de muchas compañías. Este impacto debe evidenciarse en los Estados Financieros, lo cual implica nuevos retos para el cierre contable y financiero de 2020. En el presente artículo queremos exponer algunos de ellos.

El objetivo general de la información financiera es proporcionar datos sobre la entidad que sean útiles no sólo a los dueños y administradores de las compañías, sino también para los inversores, prestamistas, otros acreedores existentes y potenciales, para tomar decisiones sobre el suministro de recursos a la entidad. Para este fin todos necesitamos basarnos en cifras que reflejen la realidad de la empresa, lo cual se construye teniendo en cuenta todos los aspectos futuros de corto y largo plazo que pueden afectar los activos, pasivos, ingresos y gastos de las mismas, especialmente los que pueden afectar negativamente, como por ejemplo las debidas provisiones por deterioro de activos o provisiones por contingencias en el pasivo.

En el cierre de este año particular 2020, las empresas tendrán que realizar análisis mucho más profundos y detallados de la situación de sus cuentas por cobrar, tercero por tercero, antes de cerrar su informe contable. De esta manera será viable reconocer el deterioro de valor que refleje las pérdidas a las que están expuestas las firmas por la cartera aún no cobrada. Igualmente sucederá con los inventarios que no hayan podido circular como se planeaba, considerando la posibilidad de tener que venderlos a un precio de venta inferior a su costo y por lo tanto verse obligados a reconocer como gasto una pérdida por deterioro de valor. En el caso de las empresas que hayan tenido meses de inactividad, estas deberán tener en cuenta que el gasto por depreciación de las propiedades, planta y equipo no podrá ser el mismo de un año normal.

Así mismo, en cuanto a los pasivos, deberán analizarse todas las nuevas obligaciones no habituales que incluso puedan ser solo verbales y que posiblemente hayan surgido como resultado de la pandemia. Lo anterior, con el fin de reconocer todas las provisiones pasivas necesarias para reflejar en los Estados Financieros el efecto negativo que generará a futuro cada una de éstas situaciones. Todo esto siempre que la entidad tenga una obligación en el cierre del año como resultado de un suceso pasado que sea probable, es decir: que exista mayor posibilidad de que esta obligación ocurra, que de lo contrario; que la entidad tenga que desprenderse de recursos económicos para liquidar la obligación; y finalmente, el importe de la obligación pueda ser estimado de forma fiable.

Es importante considerar que existen varias obligaciones nuevas implícitas, que las empresas podrían estar corriendo el riesgo de no tener en cuenta, como las concernientes a los costos de cumplimiento de contratos que excedan a los beneficios económicos que se esperan recibir de los mismos, o los costos de incumplimiento en otros casos. El efecto de demandas o procesos en contra que apenas se encuentren en curso. De igual forma, los costos derivados de reestructuraciones de cuentas por cobrar o por pagar y los relativos a importes inesperados en el riesgo de devoluciones de ventas. Frente a este panorama, espero que todos puedan hacer sus mejores análisis y construir la mejor información financiera para tomar decisiones adecuadas y salir adelante, en medio de la crisis que nos ha enseñado a encontrar nuevas oportunidades nunca antes consideradas.

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